Mariano Rubio, temido por su soberbia, encontró en Carmen Posadas el contrapunto a su carácter y disfrutaba como nadie en las fiestas de la jet. Abajo, De la Concha, Soto y Tamayo, dueños de Ibercorp.
la plaga de la corrupción

Para no dejar mal a sus hermanos tampoco Alfonso Guerra quiso quedarse al margen de la fiebre especulativa y de incumplir sus obligaciones con Hacienda ("quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra" debió pensar el oyente) ya que por esas fechas decidió construirse su cuarto chalé en una finca comprada en Cádiz, escriturada en siete veces menos de su valor, con tal de evadir el pago de impuestos, y que motivó un curioso incidente entre el vicepresidente y esta revista, ya que al negar éste los hechos, EPOCA llegó a ofrecer diez millones de pesetas a quien desmostrara que nuestra información no era cierta.

El Gobierno socialista hizo oídos sordos a la avalancha de escándalos protagonizados por los hermanos de Alfonso Guerra y en especial por Juan, en una resistencia numantina avalada por el propio presidente Felipe González quien llegó a ofrecer dos dimisiones por el precio de una (refiriéndose a él mismo) si se producía la salida del Alfonso Guerra del Ejecutivo. Al final, la corrupción que no supo extirpar a tiempo se extendió como una plaga, llevándose por delante no sólo al vicepresidente sino al propio Gobierno en las pasadas elecciones.

La Justicia, a través de la sentencia de la Audiencia, confirma ahora otra anterior del juzgado de lo penal número 4 de Sevilla, que había condenado a Juan Guerra a dos años de cárcel cincuenta millones de pesetas de multa y a devolver a la Hacienda 41 millones de pesetas. Aún está pendiente de esclarecer si Juan Guerra cumplirá esta sentencia en la cárcel o no, ya que existen diferentes interpretaciones de la misma, a lo que hay que sumar el que ya está inhabilitado por seis años para el ejercicio de cargos públicos, por mediación indebida en la recalificación de terrenos en Alcalá de Guadaira. No está de acuerdo Juan Guerra con esta decisión judicial, a la que tilda de "franquista", califica de "inquisidores" a los jueces y anuncia que recurrirá al Tribunal Constitucional en defensa de su honor.

¿Y qué podemos decir de Mariano Rubio? En el verano de 1991 le amargó las vacaciones a Solchaga, que ya no navegaba en el yate del cuñado de Felipe González, poniendo patas arriba las cuentas del Estado. Qué lejos estaba de imaginar, ni por lo más remoto, que poco después él iba a ser el resorte que

iba a a provocar la caída del propio ministro de Economía y Hacienda, el mismo que anunció a bombo y platillo que España era el país del mundo donde se podía ganar dinero más fácilmente. En febrero de 1992 estalló el escándalo Ibercorp, que presentado en un principio por el Gobierno sólo como un negocio sucio de la denominada "beautiful people", embestía directamente -a pesar de los esfuerzos de Felipe González por ocultarlo- contra el máximo garante del sistema financiero, que no era otro más que el propio gobernador del Banco de España, Mariano Rubio. Manuel de la Concha, ex síndico de la Bolsa de Madrid, se había convertido, gracias a las buenas artes de su amigo y compañero de golf Mariano Rubio, en el banquero de moda, en moderno rey Midas que devolvía duros de oro por cuatro pesetas. Pero el diario El Mundo descubrió que su "chiringuito", el antiguo banco Trelles, ahora bautizado como Ibercorp, era un nido de especuladores. Manuel de la Concha había sido pillado con las manos en la masa.

Ibercorp, nido de especuladores

El ex síndico de la Bolsa, en la etapa dulce de su vida, unido a Isabel Falabella, mucho más joven que él, y en proceso de separación de su esposa Paloma Giménez Altolaguirre, quiso recuperar más rápidamente de lo que aconsejaba la prudencia los miles de millones que a la postre le costó el divorcio de su legítima, y comenzó a obtener pingües beneficios a costa de trapicheos bursátiles. Entre sus "padrinos" se contaba lo más granado de la "jet" como Mariano Rubio y varios familiares, Miguel Boyer y su esposa Isabel Preysler, Jaime Soto, esposo de Marina Fernández de Córdoba, Carlos Bustelo y Juan Antonio García Dõez -hoy felizmente reciclados por el aznarismo-..., todos ellos ricos y famosos. De la Concha convirtió a Rubio en "Sr. Jiménez" a la hora de ocultar su verdadera identidad y a Boyer en "Sr. Salvador". Pero mientras Boyer ya era un señor privado Mariano Rubio era el gobernador del Banco de España y mintió al ministro de Economía Carlos Solchaga y al presidente del Gobierno Felipe González acerca de sus verdaderos negocios con De la Concha, mentiras que, posteriormente, fueron ratificadas ante el Parlamento por el propio Gobernador, de las que tuvo que desdecirse poco después, con lágrimas en los ojos y por las que el fiscal, siguiendo instrucciones del Gobierno, le mandó a Alcalá Meco como chivo expiatorio ante la alarma social que se había generado por su actuación y abuso de confianza.

Mariano Rubio con tal de intentar salvar su cabeza aún tuvo tiempo de apuntillar a sus amigos de Ibercorp, De la Concha y Soto, al sentirse engañado por éstos por utilizar en su provecho parte de los fondos que el Banco de España había puesto a su disposición para salvar Ibercop (5.400 millones de pesetas) tras hacerse público el escándalo de las los listados de clientes, al tiempo que tramaba la jugada maestra que al final le falló por los pelos: convencer a Mario Conde, a quien tenía contra las cuerdas, para que éste compra Ibercorp y salvara a sus amigos.

La decisión de la sección 16 de la sala de lo penal de la Audiencia de Madrid ha hecho reencontrarse a Mariano Rubio con su pasado más sórdido, tras haber superado una etapa de ostracismo que le ha tenido alejado de toda actividad social durante los últimos años, jugando al golf casi de tapadillo y acompañando a su esposa Carmen Posadas en actos literarios y cenas privadas. El ex Gobernador estaba ya convencido de que la Justicia sólo le iba a pedir cuentas por el presunto delito de falsedad documental, casi como a José María Ruiz-Mateos, sin embargo, el auto que se hizo público la semana pasada, insta al juez a completar su instrucción teniendo en cuenta otros indicios de criminalidad, al tiempo que pide mayor diligencia en el esclarecimiento de los hechos, especialmente de la trama suizo, para conocer qué se escondía tras el holding Thelmang y llegar hasta el final en los entresijos de la cuenta secreta que Mariano Rubio tenía en Ibercorp. La Justicia tiene ahora la última palabra pero al menos, para la mayoría de los españoles, queda la esperanza de que la corrupción no quedará impune.